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Viaje a Suiza sola

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(1ª parte)

Pues bueno, ya estoy de vuelta.

En mi último post os contaba cómo hacer una maleta ligera si te vas unos pocos días de viaje. Os mostré la mía hecha, pues al día siguiente me iba unos cuantos días por el mundo. Y, ¿dónde me he ido? Pues a Zurich, Suiza.

He de deciros que hice este viaje en dos etapas. La primera de ellas fue en Madrid. Pues por trabajo estuve dos días en Liber, la feria de editoriales. Mi libro “Ana te presta su espejo” (el culpable de todo esto) estaba allí, y no me gusta que viaje solito, así que lo acompañé jejej.  Pero esta parte del viaje no os la voy acontar. Sólo os diré que aproveché mi estancia, y entre  otras cosas tomé un café con mi amigo escritor Ángel M. Castillo, y visité el Museo Arqueológico de Madrid (entrada gratuita para personas con diversidad funcional, y bien adaptado), visita muy recomendable. Una vez el trabajo hecho, puse rumbo a Suiza.

Estaba alojada en el hotel Ibis Barajas. Este hotel tiene ducha adaptada en todas sus habitaciones. Por lo que fue súper fácil ducharme.Las habitaciones son básicas, pero espaciosas y limpias. El desayuno está incluido y es muy completo. En cuanto a calidad-precio os lo recomiendo.Además, el hotel ofrece un “transfer” gratuito al aeropuerto Madrid-Barajas cada media hora. Os recomiendo bajar a esperarlo 15 minutos antes, pues suele ir lleno. Yo cogí el de las 7:30 de la mañana. Antes de las 8 estaba en la Terminal 2. Y como ya sabéis que con mi mochila no facturo, fui directa al punto de control. No había casi nadie, deposité mi mochila, todo en las bandejas y me dispuse a pasar, pero… ¡Quítate los zapatos! ¿Tenéis una silla? “¿Lo cualo?”. Total, que sin que ninguno de los allí presentes me ayudara, me las quité arrodillada en el suelo y pasé. Luego tampoco nadie vino a ayudarme acoger las cosas o se dignó a traerme una silla. En fin, las cosas son así…

Subí al avión sin más contratiempos. No sin antes recorrerme todas las tiendas y escondrijos del aeropuerto. Es algo que me fascina desde pequeña. Eso sí, no compré nada. Recordad que llevo muy poco espacio para los“por si acaso” y ya llevaba un par que me habían dado en Liber. Volé con la compañía suiza Swiss. Súper bien. Además tanto al ir como al volver nos dieron bebida y un quiche de verduras buenísimo.

Al llegar a Zurich te das cuenta que su aeropuerto es enorme. Yo debía buscar el tren para ir al centro. Ay madre, estaba yo toda preocupada. Pues nada, es facilísimo, está muy bien indicado. Sólo debes seguirla señal de tren (no confundir con la del tranvía) y te lleva donde están las máquinas de venta de billetes. Pero yo os recomiendo que vayáis al mostrador. Son muy amables y te lo explican todo. Yo aproveché y compré también el devuelta. En total 13f, que viene a ser 13€ más o menos. Yo ya llevaba la moneda cambiada para adelantar. Pero en el aeropuerto hay bastantes casas de cambio donde puedes hacerlo. La chica del mostrador me indicó qué tren coger. ¡Ah! Y con una foto me enseñó la maquinita naranja en la que debía meter mi billete de tren antes de bajar a las vías (si no lo haces te pueden multar).

Bajé a las vías, y como había dos posibles opciones, me quise asegurar y pregunté. No temáis preguntar una y mil veces, aunque quedéis como tontos, no importa, lo que importa es llegar donde toca, y más en un país que no conoces. Mi inglés es bastante malo (es mi asignatura pendiente desde siempre). Pero consigo hacerme entender. Una familia muy amable me ayudó, e incluso me indicó la parada y todo. Yo feliz.

Las vistas desde el tren del aeropuerto a Zurich no son muy bonitas. Típicas de la entrada a una gran ciudad. Pero bueno, el trayecto dura 10-15 minutitos, así que tampoco importa mucho el paisaje.

La estación de trenes de Zurich (Zürich Hauptbahnhof, conocida también con la abreviatura Zurich HB) es la más grande que he visto nunca. Unos 3000 trenes salen y llegan al día. Alucina. Está llena de tiendas, bares, paraetas de comida, de turistas… y la sensación que tienes es de seguridad.

Al salir de la estación puse en marcha a mi “tío google” (es decir, google maps) para que me llevase al hotel. Unas obras hicieron que no comprendiera a mi “tío” y di un par de vueltas del todo innecesarias. Pero tampoco tardé demasiado en llegar a mi hotel. Estaba casi al lado de la estación de trenes y enfrente de la de autobuses. Una situación inmejorable. El hotel era el Walhalla. Os lo recomiendo por la ubicación y la relación calidad-precio. El desayuno tipo buffet tampoco estaba mal.

Mi habitación era pequeña, pero limpia y con todo lo necesario. Te reciben con una botellita de agua y un Toblerone ¡Qué rico! La cama individual y cómoda. El cuarto de baño pequeño, con ducha (sin barandilla. Mira que cuesta poco poner una simple barandilla para evitar resbalones), con productos de aseo. La tele tenía el canal internacional de España, así que estuve enterada de todo. Y la ventana daba al río Sihl y a la estación de autobuses, desde la que debía coger las excursiones.  

Me comí un pequeño bocadillo, unas papitas y una manzana, y bajé al starbucks que había justo al lado de la puerta del hotel a tomarme un café con leche y una cookie de chocolate. ¡Ups! Primer sorpresón, 10f y pico las dos cosas ¿Cómo? ¿Que qué he pedido? Sí, sí, un café con leche y una galleta. Eso sí, el personal muy amable, y sin pedírselo, me lo llevó todo a la mesa. Me sentó de maravilla oye, las dos cosas calentitas. Yo que venía de 27 grados en Madrid y allí el móvil me indicaba que teníamos 15…

Con la panza llena, me dirigí a coger el bus para mi primera excursión: Panorámica de Zurich. Es lo que siempre intento hacer nada más llego a una ciudad que no conozco, pillar un bus panorámico para hacerme una idea global de la ciudad. Si están los famosos Hop on, hop off pillo esos (además suelen ser gratuitos o muy baratos para las personas con diversidad funcional). Sino pues busco alguna excursión, como en esta ocasión.

Al llegar a la estación de buses, vi que había uno con pinta turística y dos hombres bajo como recibiendo a la gente. Me acerqué y les mostré mi ticket (de Civitatis, donde suelo pillar yo las excursiones). Y en inglés me dijeron que ese no era mi bus. Que sí, que estaba en el lugar correcto pero que esperara mi bus. Me coloqué al lado de la caseta de tickets (tal y como decía el papel, pues allí tenía que venir alguien con un letrero) y esperé. Pasaban los minutos y allí no aparecía ni ningún guía ni más turistas que esperasen el bus. Miré mi correo por si la habían cancelado, pero no, no había nada. Y sólo quedaban 2 minutos para la hora ¿qué hago? Me estaba empezando a poner nerviosa. Ya no por perder el dinero invertido, que también, sino porque si perdía aquella visita panorámica no tenía nada organizado para aquella tarde, ni sabía por dónde empezar a ver Zurich.

¿Queréis saber qué pasó?  Pues continuará… jejej Algunos me diréis que soy mala, pero es que creo que ya me está quedando el post muy largo y quiero contaros un montón de cositas de Zurich, de Lucerna…

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¡Nos leemos en unos días!

 

Marta Senent

Marta Senent

Marta Senent es investigadora, escritora, emprendedora... pero sobre todo, entusiasta de la vida. Una parálisis cerebral es lo primero que percibes de ella cuando la conoces. Pero esta primera impresión se va diluyendo conforme vas hablando con ella. Ves cómo para Marta su diversidad funcional no supone ningún freno para ser quien quiere ser: una mujer feliz, que vive la vida tal y como quiere.

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