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La belleza está en el interior

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“La belleza está en el interior”. Esto decía aquella canción de La Bella y la Bestia, ¿os acordáis? Yo era una niña, y recuerdo que todos la cantábamos e incluso bailábamos. Era una película que me encantaba. Nos hicimos hasta la colección de cromos. Pero ahora me pregunto ¿El mensaje de “la belleza está en el interior” realmente caló en nuestra generación? Rotundamente NO.

No quiero entrar en otros valores de la peli, como pueda ser la perspectiva de género, que también daría que hablar. Sino sólo me centraré en este mensaje tan positivo e importante que la peli intentaba que calase en los más pequeños de la casa: que no prejuzgáramos a las personas por su aspecto exterior, sino por lo que realmente son.

Creo que si algo había influido en nuestra visión del mundo el mensaje de La bella y la Bestia, esta última década, las redes sociales se la han cargado. Los postureos, los filtros, las y los celebritys que parecen perfectos, han creado una presión social brutal. Y nosotros, el pueblo llano, hemos caído en esa trampa. Es una lucha diaria para estar perfectos (por fuera).

Tristemente muy pocos creen ganar estas peleas. Pues nunca están tan perfectos como demandan los cánones de nuestra sociedad. Muy pocas personas se aceptan tal y como son: me sobran unos kilitos, me faltan unos centímetros, mis pestañas no son lo suficientemente largas, mis labios no tan son carnosos como los de fulanita, no tengo los pectorales de menganito, anda, pero si me han salido 2 canas. Tengo que comprarme el último modelito, la crema para no sé qué…. (clin, clin, encima todo esto cuesta pasta). Uf, sólo de escribirlo ya estoy agotada.

Pienso que una cosa es cuidarse y tener una buena alimentación, higiene, mantenerse en forma para sentirnos bien…  Y otra es lo que nos exige nuestra sociedad.

Todo esto es superficial, no va a ningún sitio, es efímero, pero sin embargo es lo que más valoramos. Me entristece y me enfada que seamos tan débiles y fáciles de influenciar.

Si todo esto lo llevamos al terreno de la diversidad funcional, es brutal. Si ya de por sí es difícil cumplir estos cánones, ya ni te digo si tu diversidad funcional interfiere en tu apariencia física…

Yo os voy a exponer mi caso, pero estoy segura que habrá muchísimos y cada uno lo verá desde un punto de vista (estaré encantada de que me los contéis en los comentarios). Cuando la gente me ve, andar, hablar o gesticular de forma un tanto extraña por primera vez, enseguida me encasillan. Algunos sienten lástima o compasión, pobre chica piensan.  Otros, si coincidimos en una reunión social, me ningunean, ni siquiera me miran cuando hablan, e incluso hacen comentarios sobre mí en mis mismas narices como si no les pudiera oír. O alaban alguna cosa que digo, como si un niño dijera alguna cosa ingeniosa. Sin duda, me han prejuzgado ¿Os es familiar esta situación? Ya os estoy oyendo decir que sí a muchos de los que estáis leyendo esto.

En mi caso, esto me sucede (espero no parecer pedante con lo que voy a decir, de ser así pido disculpas) en muchos de los congresos a los que me invitan. Cuando llegas, no conoces a nadie, y ves a todo el mundo charlando en corritos. Finalmente te unes a alguno, y les pides ayuda para poder tomarte ese café y esas pastas que hay preparadas para los asistentes a modo buffet. Pues sin su ayuda me sería imposible. Cuando te has dado cuenta es la hora de empezar el congreso y como que no has interactuado con nadie casi (con la boca llena no se habla jejeje).

Te llaman para subir a la mesa de intervenciones, y la persona que presenta dice quién eres: La doctora Senent, especializada en, con estas publicaciones científicas, estas divulgativas, directora de esto, fundadora de aquello… Y veo cómo las caras van cambiando, y aún más durante la intervención, pues siempre digo alguna que otra burrada que les hace reír (soy así, qué le vamos a hacer). En el próximo “Coffe break”, resulta que un montón de gente me pide tarjetas, se acerca a hablar conmigo (de tú a tú), a felicitarme…  ¿Qué ha cambiado en unos minutos? Pues que han dejado de ver sólo mi exterior, y han empezado a descubrir que mi parálisis cerebral sólo es mi carrocería, un poco abollada y mal pintada cierto, pero no se habían parado a comprobar cuál era mi motor (que oye, a algunos tampoco les gusta eh!). 

Entonces, ¿dónde queda ese “la belleza está en el interior”? ¿Por qué mucha gente prejuzga sólo por la apariencia física? ¿Están los estereotipos más presentes que nunca?

¿Qué opinas tú? Me encantaría conocer tu opinión. Deja tu comentario al final de este post y el lunes 23 de septiembre a las 19h haré un directo en mi Instagram (@elespejodeana) sobre este tema. Contestaré a todos los comentarios que me hagáis en este post. Así como también, si queréis preguntarme o aportar cualquier cosa, puedes enviarme un correo a hola@elespejodeana.com y también te contestaré en el directo del día 23. 

Un gran abrazo amig@s de El espejo de Ana, y gracias por leerme. ¡Nos vemos el 23 de septiembre en mi Instagram!

Y si quieres saber un poco más sobre mí te invito a conocerme un poco mejor.

Marta Senent

Marta Senent

Marta Senent es investigadora, escritora, emprendedora... pero sobre todo, entusiasta de la vida. Una parálisis cerebral es lo primero que percibes de ella cuando la conoces. Pero esta primera impresión se va diluyendo conforme vas hablando con ella. Ves cómo para Marta su diversidad funcional no supone ningún freno para ser quien quiere ser: una mujer feliz, que vive la vida tal y como quiere.

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